miércoles, 27 de julio de 2011

EL GEN POLÍTICO ARGENTINO

El gen político argentino.
Siempre se ha buscado explicación al porqué del devenir político argentino, una elucidación a toda esa verborragia política y su consecuente inacción en los hechos concretos, en una palabra cuales son los motivos para que se hable tanto y se haga tan poco. Cómo puede ser que a la luz de una mera vela descubramos que esos políticos prometieron demasiado e hicieron nada, pero curiosamente vienen otros que ganan las elecciones  diciendo lo mismo y le volvemos a creer. Esa es una de las palabras claves CREER, la otra   es GANAR, que como la cinta de Mobius nos hace terminar donde empezamos,  creemos y ellos ganan, sabemos que nos mintieron pero le creemos al próximo que dice lo mismo y el circulo es tan perfecto que giramos sobre lo mismo mientras suponemos ver algo diferente.
A esto se le agrega algo que es producto de tantos fracasos, y que en un instante de epifanía, anclados en un punto del torrentoso tiempo y suspendidos de la vorágine cotidiana, lo decimos en voz baja por miedo a reconocernos impotentes. Claro, es una frase tan gastada que ya ha perdido la fuerza de su invocación y es ¨ esperemos a ver si con éste tenemos suerte¨. La frase ya se desliza tan imperceptiblemente que encuentra pocos padres, y menos serán los que la analicen,  porqué dejar a la suerte algo que ellos pueden modificar. En fin, la tercer palabra es SUERTE, con lo cual completamos la perversa trilogía.  
Los tres jinetes del gen, en realidad la palabra jinete es literaria, ajustándonos al presente los tres virus que recorren el gen político argentino y se regodean en infames mutaciones donde se recombinan y  auto inmunizan.
Bueno, pero usted puede argumentar que estos tres bichitos ya han sido reconocidos hace tiempo, y es verdad, esta nota solo pretende indagar en donde surgió este fatal contagio, que normalmente los tres bichos CREER, GANAR y SUERTE producen beneficios, pero en una rara mutación genética en un argentino produce justamente, lo que se  ve en todos los diarios, un país con gran producción de alimentos con alta tasas de desnutrición, un funcionario que habla de repartir mientras él acumula, una burocracia que se niega a la instalación de controles informáticos argumentado desprolijidad, funcionarios que asumen prometiendo cambios a todo lo que apoyaron durante años, en fin nos hacen creer en algo nuevo y volvemos a lo mismo para terminar rogando que la suerte nos salve.
En los seres humanos estos virus están implícitos en el mapa genético en su versión beneficiosa, pero en los argentinos su mutación comienza con tres juegos que todo joven debe conocer, o ser discriminado en toda reunión familiar, laboral o con los amigotes más queridos,  y los tres juegos son truco, fútbol y quiniela. Claro usted dirá estos inocentes juegos que son parte de la tradición cultural argentina, qué tienen que ver, permítame  desarrollar un definitivo análisis en donde se verá su correspondencia.
Empecemos con el truco, un juego de cartas[1] que se puede jugar de a dos, pero cuatro es ideal, aunque se puede jugar con seis. Se prefiere, la tentación es grande, hacer un mini torneo y si hay más participantes un joda hasta agotar el stock etílico o ser expulsados del lugar. Luego de repartir las cartas, tres por jugador, comienzan una serie de gestos que intentan pasar los datos al compañero y engañar al equipo contrario.  Una de las primeras frases que podemos escuchar, entre una serie de frases remanidas es “cuánto juntas para la mentira” lo cual queda explicito que a partir de ese momento van a mentir, y justamente el que gane esos puntos denominados del envido, y que llamamos certeramente mentira, será el que le haya hecho creer la mejor mentira, para luego derrotarlo con la verdad o con otra mentira más grande.  A medida que incorporamos el juego nos va quedando implícitamente la función de hacerle creer a otros nuestra mentira, y la de aceptar con indulgencia todo lo crédulo que fuimos ante el ocasional embustero.  El virus comienza a deformarse a una versión más oscura, en donde CREER ya no tiene un certificado racional, creemos pensando que es una gran mentira o una verdad asombrosa, ya no hay objetividad; nos pueden decir que vamos a construir naves que surcaran la estratosfera o que aumentó el consumo de alcohol sin consecuencias en la población, que la jubilación va a ser privada para mejorar las ganancias de los jubilados o que será estatal por lo mismo, que el estado dará posibilidades a los necesitados o aportará dinero a los enriquecidos por el fútbol,  todo tiene el mismo nivel en nuestra credulidad. Ya no distinguimos la mentira de la verdad, creemos todo o nada, y no es que el que no cree nada hace diferencia, simplemente no cree aún en lo evidente porque niveló en la negación. Entonces ya CREER / MENTIRA se igualaron y perdemos la verdadera sustancia, creemos a todas luces, hasta con el resplandor de una vela, incluso cuando sabemos que es una mentira evidente. Se lo voy a ejemplificar para que sus dudas se aplaquen CASO 1- En pleno juego, por parejas, su compañero le pide que mienta, (gritar envido) usted no tiene nada, pero lo hace y el equipo contrario grita quiero real envido, mientras el que gritó aclara, tengo 33  (la puntuación más alta) mientras toca el 6 de basto que está en la mesa, usted tiene el 7 de basto, sabe que su compañero está mintiendo no puede haber dos 7 de basto, pero sigue el juego como si los tuviera. CASO 2- le gritan truco, usted tiene el ancho de espadas y el de basto (las dos cartas más altas que le aseguran ganar el truco) y le gritan quiero retruco, con lo cual usted sabe que el otro no puede ganar, pero puede escuchar hasta que tiene el ancho, que usted sabe que es imposible. Bien estos dos casos en una partida de truco es muy normal, pero usted se pregunta cómo se traslada a la política,   Ejemplo 1- Un intendente electo, de licencia, también es funcionario nacional, y se postula para diputado, usted sabe que está mintiendo porque no puede estar en tantos lugares a la vez, cómo el caso del 7 de basto.  Ejemplo 2 – Un gobernador se postula para candidato a Diputado, usted sabe que no puede ganar esa banca, porque por más que lo voten nunca la va a ocupar, así que los que lo votan saben positivamente que es una pérdida, es como si le gritan retruco con un as falso sabiendo que no pueden ganar. Conclusión: todo es tomado como normal, hay largas explicaciones dadas por los partidos políticos, pero la realidad es que la mayoría lo acepta porque es parte del juego. El gen del juego ya ha sido incorporado y su mutación deforma una interpretación racional, ya no distinguimos aún la mentira indudable, algo nos dice que las 33 van a aparecer de alguna manera o vamos a ganar a pesar de no tener cartas porque el otro juega mal, en fin, como creer que el gobernador va a renunciar para ser diputado, o que los nombramientos en altos cargos públicos están basados en la idoneidad y no por ser la mujer del gobernador. CREER es ya creer cualquier cosa. Este inocente juego de cartas, llamado truco, como por arte de magia nos pierde en una noche de diversión, y solo cuando la pócima estupidizante se terminó o nos echaron a la cruda realidad, reparamos que era un simple juego, lamentablemente la sensación de seguir una mano más queda implícita, hasta contaminar nuestras acciones, y ya jugamos una mano más para ver quien gobierna la ciudad, la provincia o la nación; y a la hora de mostrar las cartas, sin asombro comprobamos que nos corrieron con la vaina.
El segundo gen lo aporta el fútbol. Sí ese inocente juego que derrama tantas alegrías y bochornos. Acá la diferencia se presenta en que no es el modo de jugar o en las reglas de juego donde aparece el gen recesivo, sino en el hincha y su pasión. Fíjese que todo aficionado quiere que su equipo gane, no importa si jugó mal, si erraron un penal o no se acercaron al arco contrario en todo el partido, el socio de ese club y el hincha quieren que gane de cualquier manera, pero que gane, y si se le pregunta por qué le dirá: en el próximo partido vamos a jugar mejor. En una palabra en cualquier momento la situación va a cambiar, pero ahora lo que vale es que ganamos. Incluso se festeja hasta como un triunfo no haber perdido. He estado en situaciones en donde todos responden al mismo equipo, la selección nacional, pero todos cambiarían jugadores y técnicos, mientras la televisión también da su opinión, pero al primer gol, símbolo de futuro triunfo, el abrazo, los gritos y el dale campeón es total, en esos casos es mejor festejar, ni se le ocurra decir que hasta ese momento se estaba jugando mal, lo importante es el gol y su consecuente triunfo
Si usted se encuentra en una reunión, y como yo algo ajeno al futbol, puede escuchar que rápidamente al hablar del tema, todos los presentes recuerdan un triunfo. Siempre aparece alguien que dice, cómo le ganamos el domingo pasado, y quien recibe el golpe pasará a recordarle todo un historial de triunfos, lo curioso, usted lo puede percibir sino no es socio o hincha de un club, es que se intenta ganar dialécticamente y se traslada implícitamente el partido a un campo imaginario. Ya la mutación del gen GANAR ha completado su fase malévola, es tan importante ganar, que a veces tienen que intervenir otras personas para que GANAR no se haga a cualquier costo.
Ahora piense en todas las elecciones que han pasado, los candidatos hablan de ganar, y sabe por qué, simple, el ciudadano quiere jugar con el ganador, es más se considera un ganador. Le doy un ejemplo de un caso cercano. Cuando comienza la crisis con el campo, (el gobierno quería aumentarle los impuestos hasta un 35%) un amigo Orlando, en sus conversaciones mechaba el tema quejándose de las ganancias del campo, de argumentar paso a descalificar, y se tornó insoportable cuando se envió la famosa 125 al congreso, en esos días trataba de esquivarlo porque mi pasividad, en realidad mi falta era no darle la razón, me convertía en verdadero estúpido, hasta un oligarca traidor del pueblo. Cuando el congreso dio su veredicto, la frase más suave fue traidores van a pedir a gritos por este gobierno, claro con el tiempo el tema fue olvidado. En las elecciones primarias que se hacen en nuestra provincia, (año 2009) dos días después de dicho acto me trae una foto, la cara llena de sonrisas, él abrazado al senador Reuteman y el diputado Obeid, el primero era, según su concepción, un traidor sojero oligarca, aunque fuera del mismo partido. En las elecciones, sacó más votos, miro la foto con cierto extrañamiento, ya que había escuchado por semanas y meses su posición sobre el conflicto del campo y todos los que traicionaron su gobierno,  me espetó, ganamos. El gen GANAR ya había tomado tal virulencia, los traidores ganaron pero ahora se contabilizaban como propios, ya razonar con él era como querer reflexionar con un fervoroso hincha de futbol, que solo recuerda el último gol del triunfo, aunque haya perdido once partidos antes.
El tercer gen dado es tan inocente, que su comportamiento pasa desapercibido al transformarse en una adoración pagana capaz de resolver todo tipo de consultas, demandas, litigios y necesidades. Cómo el gen siempre parece buscar un beneficio, quién no desea tener SUERTE, incluso se siente cierta admiración, velada por supuesto, hacia esas personas que parece son siempre acompañadas por una aureola con los hace caer siempre bien parados. Los amigos suelen decir, que suerte tiene ese hijo de buena leche, los otros dicen, bah es suerte, pero en los dos casos siempre se hace referencia al mismo factor desde diferentes posiciones. Pero entonces usted se preguntará dónde está el patrón recesivo y es justamente en esa capacidad para camuflarse, de integrar el entorno beneficioso, porque nunca acompaña las desdichas, por más que se escuche que mala suerte, al poco de analizarlo la  mala suerte pasa a ser un factor externo, al que le pondrá nombre y apellido. Ejemplo; examen 1: que suerte justo la bolilla que sabía. Examen 2: que mala suerte, ese guacho me tomó justo la bolilla que no estudié. Fíjese que rápidamente la desdicha pasó desde la suerte personal al vil profesor. El inicio a ese proceso lo da esa simple jugadita de quiniela, que tan prolija y desvergonzada aparece en tres turnos diarios, matutina, vespertina y nocturna. Porque el juego es demasiado sencillo, usted apuesta a un número, si sale gana, humilde para jugar, para chequear resultados y para introducirse en la sociedad. Es tan fácil que si usted juega de vez en cuando, sabe que tiene posibilidades de ganar, es más conoce gente que ha ganado, ya en el trabajo, en la familia o vecinos, lo importante es la impresión subconsciente de que en algún momento la suerte llegará a usted. Incluso en el caso de que a usted no le guste el juego, puede escuchar en su cumpleaños, el día que compró auto, o al momento que contó su horrendo sueño, porque no jugas tal número y la tentación es cruel, cómo negarnos a un beneficio tan latente. Lo peor, es que si nunca jugó, este relato es personal, un amigo le puede decir: Viste lo que contaste ayer cuando ibas para un cumpleaños de tu tío, los 48, que el colectivo estaba todo sucio y encima subió un borracho, que se armó un griterío entre los pasajeros y te bajaste cómo doce cuadras antes, bueno gané con el doce. Otra que La lotería de Babilonia, a veces creo que el lunar que escondo bajo la axila izquierda es un símbolo, la suerte indudablemente está, sólo debo jugar, pero cómo. Abandonemos las dudas sobre este gen, el problema surge en que si bien no parece sufrir aberración en algunas personas, al combinarse con los genes ya mutados, CREER y GANAR, indudablemente deforma su función, que en principio es la prosperidad y todas sus variantes. Porque tener suerte siempre es bueno, el conflicto surge en la forma que se busca dicha suerte. Insisto con un ejemplo, el día que conté mi fatídico viaje a la reunión de mi tío, surgieron varias voces buscando los beneficios a saber: jugá el cuarenta ocho, no el borracho, los años que deja, la pelea es el ….., sucio el … y es también el ejemplo para mostrar sus garras con la administración gubernamental, de entre todas las posibilidades una es positiva, hay dividendos, que gobierno no acertó un par, unas provechosas. Ahora si usted analiza algunas buenas y demasiadas en contra el balance le da negativo, pero no se llega a esa conclusión porque hay un salto en la cadena de ADN, producida por los genes C y G, que impiden una evaluación y algo peor, al fusionarse usted cree en sólo eso que salió bien, cómo el que jugó el doce, y al potenciarse con ganar los efectos son los hasta ahora presentes.
Conclusión se cree cualquier envido con tal de estar con los ganadores, cuando descubre que es mentira, apela a la suerte invocando raros designios y se aferra al primer madero, que lo lleve de nuevo a la nave del triunfo. Cree ganar de nuevo y pasado el encandilamiento de la fiesta, se da cuenta que le dejaron una nueva factura sobre la mesa, se queja, hasta que vienen los vecinos y para mostrarse un ganador encara otra fiesta, el resultado es el mismo, pero esta vez , que bueno estaba el champagne, esta gente sabe divertirse. La boleta es más linda que la anterior.

Y LAS MUJERES
Se puede suponer que este ensayo hace referencia sobre la población masculina, eso es un error mí querida amiga. Lejanos están aquellos tiempos en que las mujeres derrochaban horas en bordar y a veces mezclarse en una atrevida canasta. Hay diferencia por supuesto, pero imperceptibles a la hora de los resultados.
Empecemos que la gran mayoría de las mujeres casadas, en pareja, con novio o simplemente solteras pero que han incursionado en lides amorosas, descubre más temprano que tarde, a depender de la suerte. Cuantas prenden velas, para que el hombre no llegue bebido, que no sea vago, que no cambia más, en fin son las primeras que invocan la suerte, y de ahí  a jugar a la quiniela para zafar el trecho es corto. Las estadísticas demuestran que la mujer es la más aficionada a ese mero azar de la quiniela. También es la que más rápido se da cuenta que encontrar la pareja ideal es una lotería, aunque es la que más tarda en reconocerlo.
También se puede decir que las mujeres son poco aficionadas al futbol, eran, porque si usted se detiene en las nuevas versiones femeninas descubrirá con asombro cuan pendientes están de este popular juego.
No hago mención de las botineras porque son profesionales que distinguen primorosamente entre un jugador de medio pelo y un triunfador o futuro ídolo de  un equipo. Además de conocer y participar en todo gran evento futbolístico. Tampoco podemos hablar de las comentaristas que eligieron esa profesión y que ya empiezan a predominar en los programas deportivos.
En donde surge entonces este auge femenino, y es en los nuevos criterios de pareja de compartir todo, así que ahora vemos mujeres en la hinchada, escuchando los partidos mientras pasean los domingos por la costanera, o simplemente usando una remera del cuadro de sus amores, claro con todo esto se puede suponer que a las mujeres les gusta este deporte tan preciado por el hombre argentino, equivocado, señor se equivoca, las mujeres aprendieron la razón de este deporte, ganar, sí GANAR. Ejemplo 1. Ella sabe que ese muchacho que es un Adonis es de Racing, ella aprenderá la historia y jugadores del momento para ganárselo. Ejemplo 2 : el marido sigue al equipo todos los domingos, incluso suele ver las practicas, ella lo despide con un beso, sabe que gana horas de tranquilidad. Ejemplo 3: las chicas van al bar donde hay un televisor prendido, conocen todo el fixture, saben que después del partido, en la tristeza o en la alegría una mujer siempre es necesaria, ganan, cuando ellos crean que han ganado. La mujer ha comprendido pavorosamente la necesidad de avanzar en este mundo masculino y lo hace con los mismos recursos que los hombres creen exclusivos, nada más que para ellas es un medio y para los hombres un fin.
Finalmente queda el famoso juego de cartas, el truco, sí también lo dominan. Claro ya dominaban varios juegos de cartas, en esto las generaciones menos jóvenes son las que llevan ventaja, pero la mujer joven con su capacidad de igualar géneros decidió acortar pasos y antes de aprender la canasta o la escoba de quince, pasó directamente al truco. Se familiarizó con sus técnicas de señas y circunloquios para avanzar sobre la mentira, recorrió los meandros de la ambigüedad verbal, y se compenetró del juego de tal manera que podemos escuchar de sus dulces labios, que lindo que sos, y sabemos que es una mentira grande como una casa pero nos aferramos a esas palabras como si fueran verdaderas, y no somos capaces de revirar teniendo las treinta y una. El juego del truco ya dejó de ser de hombres, sólo el pudor nos impide reconocerlo, pasamos la verdad por mentira y ellas la mentira por verdad.
Finalmente los tres genes se incorporaron a la mujer moderna, prueba de ellos es que hay mujeres concejalas, diputadas, senadoras, gobernadoras y que digo hasta tenemos una mujer presidente, con los mismos errores que cualquier hombre.
La última esperanza se ha perdido en pos de la igualdad de géneros.
Si quiere salvar al país lea más, disfrute el rugby, y juegue ajedrez.


[1] Aclaración necesaria para extranjeros

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